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Avatar: variaciones sobre lo real…

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Todavía no fui a ver la película Avatar. El “todavía” surge del aparente “deber” para quienes como yo, por elección o por azar, viven su cotidianidad cada vez más mediatizadas por las tecnologías de la información y la comunicación. Ayer, unos amigos me comentaban que les gustó mucho la película, y que no la vea en la computadora, que vaya al cine porque las imágenes se lo merecían. Las palabras de Ana fueron: “no sabés el bello mundo que crearon…”. Precisamente de las muchas cosas que se dicen de la película, destacan la posibilidad infinita de creación a través de las tecnologías, la fascinación de las imágenes más allá de la historia que se cuenta, imágenes que ya no pueden catalogarse como efectos especiales. Es otra cosa, la ensoñación del espacio y la naturaleza sin límites claros entre realidad y virtualidad cristalizada en un film.  

Lo real y lo virtual en Educación

Para quienes trabajamos en Educación a Distancia la dicotomía entre realidad y virtualidad nos remite a las posibilidades de este tipo de Educación. Me refiero concretamente a las posibilidades de ser considerada un tipo de educación con características específicas pero en pié de igualdad con la educación tradicional. La pregunta que más me hacen al respecto es: ¿pero aprendés realmente? En general el argumento de la virtualidad, utilizada en oposición a lo real, parecería colocar a la Educación a Distancia como una alternativa educativa de menor valor, aquella por la cual se opta obligado por las circunstancias (falta de tiempo, lejanía geográfica, etc.). En el imaginario social existen elementos que todavía identifican la educación ideal, la llamada buena educación (no quiero hablar de calidad aquí, ya que definir ese concepto en educación merece un post propio y extenso). Decía que, por ejemplo, la cantidad de bibliografía, la práctica, la repetición, el esfuerzo y/o sacrificio, la ciencia empírica, la seriedad antes que la diversión, etc., son elementos que en el imaginario colectivo se relacionan con esa buena educación. Sintetizado en el paradigma de “la letra con sangre entra”, se presenta en la mayoría de las quejas generalizadas sobre el estado actual de la educación. ¿Se identifican estos elementos en la Educación a Distancia? Dificilmente ocurrre, se la considera como algo muy diferente, y creo que una de las razones para rechazar y no considerarla como parte de la buena educación, tiene que ver con la naturaleza de las herramientas que mediatizan el proceso enseñanza aprendizaje, muy relacionadas con el entretenimiento y lo virtual, la inmediatez, la no empiria. De allí podría surgir parte de la dicotomía, de la idea que relaciona a la educación tradicional con lo real y la educación a distancia con lo virtual, colocando en el orden de lo real lo verdadero, lo que es, lo que existe, y en el orden de lo virtual todo lo contrario. En este blog he publicado otros post donde reflexiono sobre la dicotomía real / virtual, preguntándome sobre sus naturalezas, pero sobre todo por sus límites hoy cada vez más difusos. Y en este punto el tema no es solo educativo, no solo implica repensar paradigmas didácticos y pedagógicos, los cambios son muchos más profundos y generalizados en este mundo cada vez más incierto donde las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación están influyendo como nunca antes en la formación de nuestras subjetividades, en nuestras identidades.  ¿Mejor? ¿Peor? ¿Comparado con qué? No se… Pero el tema de lo real y lo virtual me parece muy importante para reflexionar sobre la innovación educativa.

Creo que la mejor manera de sintetizar estos pensamientos inconclusos que aquí escribo, es a través del exquisito video “The Third & The Seventh” realizado por Alex Roman. ¿Por qué? Cuando lo encontré en el blog Abadía Digital, más allá de la belleza de las imágenes y la música, lo que me impactó fue descubrir que todo lo que aparece en el video no existe en nuestro mismo plano real, quiero decir, absolutamente todas las cosas y/o escenarios fueron generados digitalmente utilizando diferentes programas informáticos. Inquietante es lo mínimo que se puede decir. Para seguir pensando, no?

 

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