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Lo virtual y lo real...

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Hola. Soy uno de los avatares de Fabi. Hacé click en la imagen y conoceme...

Los textos de Gros Salvat presentan un análisis muy interesante sobre la utilización de los video juegos en educación. En primer lugar la autora destaca que los videojuegos introducen por primera vez la representación en pantalla de mundos simulados, de mundos virtuales. Por otro lado, los considera una buena herramienta para utilizar en la enseñanza, advirtiendo que es condición necesaria el análisis de los contenidos del juego antes de ponerlo a disposición de los alumnos, y la adaptación del mismo a los objetivos pedagógicos / didácticos. Más allá de las implicancias educativas, la lectura me llevó a pensar en Spore, el nuevo juego ideado por Will Wright, y cuyo próximo lanzamiento genera grades expectativas. Soy consumidora / usuaria /jugadora de juegos de rol, pero para quien nunca escuchó hablar de Will Wright, les cuento, es el creador de dos de los juegos más vendidos de la historia: SimCity y Los Sims. Pero no es solo una cuestión de mercado, el éxito de estos juegos se basa en la filosofía creativa de Wright, que aplica teorías científicas en sus diseños, simulando la vida real. En SimCity el jugador arranca con un mapa en blanco, y debe iniciar y expandir una ciudad con el presupuesto con que dispone. La fuente principal de ingresos monetarios de la ciudad son los impuestos, que pueden alterarse con diferentes resultados. Otras formas de obtener ingresos son la venta de servicios a ciudades vecinas, y la ubicación de edificios especiales dentro de la ciudad (casinos, bases militares, etc.). Este fue el videojuego que introdujo un paradigma diferente: el jugador no pude ganar ni perder. Luego llegaron Los Sims, el primer juego en el que cada ser vivo tiene personalidad propia y se controla individualmente de forma directa. Los jugadores crean personajes llamados Sims y, como si fueran pequeños dioses, les construyen una vida, concretan o no sus aspiraciones, cumplen sus sueños, etc. Una vez creada su casa, los Sims empezarán sus vidas virtuales, en donde el jugador deberá encargarse de satisfacer todas sus necesidades. El diseño del juego posee un modo libre, llamado Libre Albedrío, en donde los avatares (representación gráfica de la persona creada por el jugador) realizan sus actividades por sí solos, teniendo la posibilidad de obedecer o no las órdenes de su creador / jugador, ejerciendo su “inteligencia artificial”. Según informa el periodista Luis Paz, el nuevo juego ideado por Wright, Spore, supera todos los paradigmas anteriores achicando cada vez más el límite entre la vida “real” y la “virtual”. El juego se divide en cinco estadios evolutivos basados en la ciencia biológica, la antropológica y la teológica. El jugador crea una especie que para sobrevivir debe luchar contra otras criaturas, dominarlas y consumirlas para evolucionar, proceso que se percibe como un “darwinismo tecnológico-lúdico”. Si puede evolucionar de fase microscópica a fase criatura, abandona la microvida marítima por la tierra firme para iniciar su socialización primaria, donde el jugador, en fase tribal, deberá organizar y administrar todo un clan, instruyendo a su especie en política, religión, economía, producción, intercambio cultural, etc. La idea es “evolucionar” hasta que la especie se imponga y conquiste el planeta, quedando abierta la posibilidad de la fase espacial. Este juego es esperado no solo por los consumidores / usuarios de los video juegos, sino también por muchos de los científicos que intentan comprender la vida artificial relacionándola con la vida real (o viceversa). Porque en sus laboratorios también intentan realizar este tipo de manipulaciones experimentales, y Spore podría servirles, entre otras cosas, de plataforma de análisis de la morfogénesis (proceso de desarrollo de un fenotipo en su ambiente a partir de una codificación genética). Luis Paz finaliza su artículo diciendo: “Cabe preguntarse si Spore, más que juego, no es un gran experimento filogenético sobre el comportamiento de los individuos en sociedad; un estudio matemático sobre la adaptabilidad de las funciones a las conductas humanas, animales y vegetales; en fin, un universo, virtual pero posible, donde las proyecciones se disparan en todo sentido.”. Inquietudes de un mundo virtual, cada vez más voluminoso que el real.


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